El mensaje perdurable de Delfos

En el año 362 el emperador romano Juliano envió un emisario a Delfos. Su propósito fué el de ayudar a revivir el famoso oráculo, cuya llama estaba prácticamente extinguida debido a la negligencia y el asalto. La leyenda menciona que cuando el emisario preguntó que se podía hacer para restaurar el santuario, recibió una sombría respuesta:

“Di al rey que la gran casa ha caído.
Apolo ya no tiene su morada, ni brotes de laurel sagrado;
Las fuentes están silenciosas, las voces están calladas”.

Estas palabras fueron comunicadas como la proclamación final de las sacerdotisas. Tres décadas después, el último templo de Apolo fué saqueado y demolido por el emperador Arcadio. El altar de Delfos fué destruido con particular cuidado. Prácticamente todas las estructuras interiores del templo, incluyendo los altares, el adyton, y las estructuras del culto, fueron reducidas a polvo.

Desde nuestra perspectiva actual, es de lamentar la pérdida de tan importante santuario. Nos podemos preguntar como es que la pitonisa misma encontraría sentido en el destino de Delfos. Si recordamos que en la cosmología griega los ultérrimos creadores, preservadores y destructores son los dioses, podemos suponer que dicha situación sería comprendida filosóficamente. El oráculo podría recordarnos que las deidades son capaces de cuidar sus santuarios cuando así lo quisieran, como evidencian muchas leyendas. Cuando los persas atacaron Delfos durante la quinta centuria, por ej., Apolo produjo no solo aluviones de rocas que cayeron sobre el enemigo, sino que materializó un gigante espíritu guerrero que aterrorizó a los invasores. Similares hechos podrían haberse empleado para batir en retirada unas pocas tropas romanas 700 años más tarde. De aquí que se puede concluir que los dioses permitieron o tal vez dirigieron la destrucción de Delfos en ese particular momento histórico.

La imaginación debe guiarnos cuando no se dan oráculos, mas no es dificultoso encontrar razones de porque los Dioses han permitido la caída de Delfos. La lujosa habitación de los tesoros del templo, los crecientes pagos que debían afrontar los peticionantes, los sangrientos sacrificios animales, la cohorte de sacerdotes que caminaban alrededor sin mucho que hacer entre ceremonias; tal vez los dioses se cansaron de tales formas y convenciones. Hasta los símbolos del laurel y el trípode, la fuente de las libaciones y el omphalos habían perdido su numinosidad hacia la cuarta centuria.

En tiempos de Plutarco la sacerdotisa ideal era una que no sabía leer ni escribir y que conocía muy poco del mundo más allá de su limitado ámbito. Ella se hallaba confinada y sin contacto con extranjeros. Era probablemente imposible obtener de tal persona un oráculo en hexámetro. Y aún si tenía la gracia de pronunciarlo con arte lírico, su valor estaría perdido para sus peticionantes, cuyas preguntas giraban alrededor del dinero, propiedades, beneficios políticos, y todas aquellas cuestiones que Sócrates consideraba indignas de atención por parte del oráculo. Los antiguos consideraban que la verdadera adivinación ocurría cuando la divina presencia se conjugaba con la receptividad humana. Seguramente las instituciones oraculares de la antigüedad tardía no podían seguir alimentando la fuerza espiritual de dioses y mortales.

Como indicio final del porqué los Hados pueden haber desmembrado su santuario, podemos hacer referencia a sus orígenes mitológicos. El santuario de Delfos pertenecía originalmente a Gea, la generadora primordial y sustentadora de la vida, venerada por milenios. Delfos permaneció como oráculo de la Tierra aún después que el Sol-Apolo la reemplazó como patrono. El abrió una grieta en los misterios del mundo subterráneo a través de los sueños y visiones. La inspiración Gea-mántica era accesible a todo aquél que podía recibirla. Como vemos en la leyenda del pastor de ovejas, la gente de todas las regiones eran envueltos por el aliento divino que emanaba de la Tierra y los llenaba de interior exaltación. Algunos peregrinos se convertían al sacerdocio. Otros retornaban al pueblo para ser poetas o profetas. Mas entonces se tomó la decisión de restringir el acceso universal a dicha experiencia, restringiéndola a sólo unos pocos individuos, e imponiendo estrictas regulaciones. Tal vez los viejos santuarios fueron destruidos para que los individuos pudieran redescubrir su interna conexión a Gea en renovados lugares.

El mensaje perdurable de Delfos está inscripto en sus ruinas así como en su leyenda. Los templos se elevan y caen, mas la consciencia oracular es imperecedera. Los santuarios oraculares del mundo antiguo han servido de fuente de sagrada canalización. Y si bien las antiguas vasijas están quebradas hace tiempo ya, sus contenidos están presentes por siempre, urgiéndonos a una respuesta, voz a voz, corazón a corazón.

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