La unión con la Matriz de todo Ser

El arte adivinatorio está fundado sobre el principio de que la vida se desarrolla dentro de una matriz unificada de existencia. Todos los elementos de esa matriz están conectados unos con otros y con el todo. La matriz y sus elementos no son mudos, sino que constantemente están emitiendo señales acerca de su naturaleza, sus intenciones y sus relaciones. La tarea del adivino es la de recibir e interpretar dichas señales con especial claridad. Todo lo cual tiene estrecha relación con el símbolo. Plotino mencionaba al respecto: “sabios son quienes en cada cosa saben leer otra”.

 Todos los miles de métodos de adivinación empleados a través de las edades están basados en el principio de las correspondencias universales. La posición de los cuerpos planetarios puede ser consultada para fijar una fecha de boda porque el casamiento y los planetas se consideraban ligados por relaciones interactivas. La forma de las columnas de humo que se elevan de una ofrenda encendida por un suplicante podía señalar la aprobación de un dios porque, en tan sublime momento, el suplicante, dios y el humo se interrelacionaban para manifestar una condición de bendición. Ningún elemento de la naturaleza era considerado sin valor para convertirse en fuente de guía espiritual.

 Para la mayoría de los hombres del mundo antiguo, la matriz que unía a todos los seres era divina en su esencia. En todo el universo era percibida su autoría, y su voz era escuchada hablando a través de árboles y pájaros, peces y animales, cascadas y ríos. Los mismos seres humanos podían dar mensajes oraculares debido a que la presencia divina podía encontrar expresión a través de ellos.

 Jámblico escribió un tratado que buscaba crear un marco filosófico para la comprensión de las artes sagradas. El enfatizaba que los oráculos y las adivinaciones son posibles debido a que la potencia universal que interpenetra el universo desea comunicarse a través de toda la manifestación. Por su propia naturaleza, esta fuerza impulsa y acrecienta nuestra facultad de comprensión, haciendo posible una relación más profunda con ella. Los individuos que tienen una tendencia más fuerte para recibir y expresar tales comunicaciones están dotados para ser practicantes de estas sagradas artes.

 Muchos grandes filósofos del mundo antiguo consideraban a los oráculos como sagrados. Sócrates confiaba en la guía de fuentes como el oráculo de Delfos, los vuelos y cantos de los pájaros, el particular encuentro con algunas personas, y la chance de escuchar algunas palabras estando junto a una multitud. El también afirmaba recibir los consejos de una voz interior, su daimon. Jenofonte decía que el filósofo muchas veces decía: “la divinidad me ha dado un signo”. Sócrates también daba consejos o advertencias a sus seguidores, basado en la autoridad de su divina guía; Jenofonte notó que aquellos que los seguían prosperaban, mientras que quienes así no lo hacían luego se arrepentían.

 Sócrates decía que los individuos nunca debían acercarse a los oráculos por asuntos triviales ni con preguntas que ellos podían contestarse a sí mismos después de un cuidadoso estudio. Solamente aquellos temas que se encuentran ocultos a los mortales debían ser llevados a los dioses para su iluminación. Y no hay falta de ellos, dado que los más profundos aspectos de la vida están fuera del alcance de la razón.

 Platón tenía a los santuarios oraculares en tan grande estima que los constituyó en piezas centrales de sus ciudades ideales. En La República y Las Leyes, el describió a los líderes consultando a los oráculos como guía sobre donde establecer templos, venerar a las entidades divinas y promover canales de comunicación entre los humanos y el mundo invisible. Para Platón la realidad espiritual era de un orden superior, constituyendo el fundamento de toda realidad material. De tal forma, la primera tarea de toda comunidad era la de establecer las apropiadas relaciones con lo sacro. Lo sagrado puede expresarse de muchas maneras : a través de la inspiración del arte y la poesía, a través de las extáticas celebraciones de los divinos misterios.

 Practicadas en sus formas más elevadas, las artes oraculares otorgaron valiosos fundamentos al mundo antiguo. Ellos ofrecieron guía, iluminaron el pasado, confirieron sentido al presente, trazaron imágenes del futuro y revelaron la interna coherencia de los eventos más dispares. Tal vez su mayor contribución fué la de abrir un espacio de conexión con lo divino que permitió a los hombres sentirse penetrados por el pneuma que interpenetra la manifestación.

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