La necesidad de la comunicación oracular

Si bien la pitonisa de Delfos emitió su última proclamación hace ya 1500 años, nunca se ha permitido que su voz se desvaneciera de la memoria. Los historiadores desde tiempos de Herodoto han deliberado acerca de sus palabras, métodos y misterio. Cada gastada piedra y cada inscripción rota del templo han sido examinadas cientos de veces bajo la esperanza de nuevos descubrimientos en una de las maravillas de la antigüedad. La pitonisa misma, entronizada en su trípode, con los ojos cerrados en trance extático, ha continuado inspirando a poetas, artistas y narradores a través de generaciones.

 Preguntándonos cuál es la base de nuestra fascinación por el oráculo de Delfos, la respuesta más común es que los seres humanos siempre se preguntaron acerca de su futuro, investigando en todas las posibles fuentes para la precognición. Esta explicación tiene varias falencias.

 Si el estudio del oráculo de Delfos hubiera sido motivado únicamente por el hecho de tener una vislumbre del futuro de la humanidad los eruditos lo habrían abandonado hace tiempo. La pitonisa, a diferencia de las legendarias sibilas, mostraban poco interés en la previsión de eventos globales o la profecía de épocas futuras. Sus pronunciamientos nunca excedieron el marco de su propio orden cultural. Las respuestas de Delfos que han llegado hasta nosotros a través de la leyenda reflejan las preocupaciones de una era de contiendas, enfocándose a veces en las actividades guerreras de facciones locales, la colonización de territorios extranjeros, y los vaivenes de las fortunas personales.

 Sabemos por Herodoto, por ej., que el oráculo denegó la inquietud de Laconia por la conquista del territorio de Arcadia pero sugirió la destrucción de la vecina Tegea en cambio. Creso, el regente de Lidia, fué advertido que su campaña militar contra Persia destruiría un poderoso imperio- el imperio que cayó fué justamente el suyo. Si bien interesantes desde el punto de vista histórico, pronunciamientos de este tipo ofrecen poca inspiración para los lectores actuales.

 Además el interés por las respuestas oraculares se ve adicionalmente disminuido al saber que sólo una reducida fracción de ellos es auténtica. De los 535 oráculos analizados por el clasicista Joseph Fontenrose, solo 75 fueron juzgados históricos. Respuestas históricas son aquellas que fueron registradas al tiempo que fueron dadas, frecuentemente en placas de estaño, o fueron atestiguadas por un escritor viviente al tiempo de los sucesos. Fontenrose determinó que muchos de los oráculos estaban basados en historias de pasadas edades, interpolados con el folklore, o realizados con propósitos literarios. La práctica de fabricar profecías después de los hechos o de reubicar los oráculos a lugares más convenientes en el registro histórico fué común entre los cronistas antiguos. Su intento no fué el de decepcionar, sino el de expresar el subyacente significado divino de los eventos señalados.

 Convencidos que los pronunciamientos de Delfos no pueden arrojar mucha luz sobre la cultura contemporánea, se podría decir que la pitonisa satisfacía los anhelos de sus devotos de conocer el futuro, y que este solo hecho justifica su estudio. Mas este razonamiento estaba basado en un error. Fontenrose encontró que solo dos de las 75 respuestas históricas ofrecía claras predicciones del futuro. Aún en los oráculos legendarios, las predicciones no son comunes, ocurriendo solo en el 20% de los casos.

 No puede sorprender entonces que los peregrinos a Delfos no se alinearan a sus puertas para rogar por una vislumbre de sus futuros. Mas aún, muchos personajes del mundo clásico hubieran considerado impía la búsqueda de un conocimiento previo de los eventos. Ellos creían que la humanidad tiene su ser dentro de la matriz del Ser Divino, y que los destinos personales no son totalmente nuestros como para pretender determinarlos y controlarlos. Desde su punto de vista la correcta acción espiritual es la de alinearse uno mismo con el gran destino y promover sus intenciones a través de la recta acción. Así se serviría tanto a los propósitos divinos como a los personales. El oráculo ofrecía una fuente de revelación y guía para el conocimiento de la voluntad de los Grandes Realizadores, los Dioses.

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